SÓLO los miopes morales son incapaces de apreciar la importancia de la responsabilidad social individual al servicio de la reputación de sus organizaciones o de sus territorios. La marca personal proyectada hacia las buenas causas sociales y aliada con el mayor número posible de fuerzas convierte una provincia humilde en demografía en una comunidad ambiciosa en esos logros que generan un genuino orgullo de pertenencia.

A falta de grandes hitos de otras características, el Alto Aragón tiene un prestigio bien ganado por la acción de entidades pioneras en sus programas para la atención de personas con discapacidad, con dependencia o en riesgo de exclusión. Tal es así que esta innovación social favorece la adjudicación de grandes eventos de carácter nacional, porque las instituciones promotoras son conscientes de que, en Huesca, nada se va a programar rutinaria ni convencionalmente.

Si nos atenemos a las modernas teorías psicológicas y económicas por las que la emoción constituye una parte sustancial de la toma de decisiones, podemos defender como una de las grandes fortalezas altoaragonesas la capacidad de engendrar una atmósfera experiencial singular por su acierto en actuar en local y avizorar con altitud de horizontes. Introspección y proyección. Así emerge la feliz iniciativa de concentrar en la figura del cuidador la celebración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Así se llena un teatro como el Salesiano para aplaudir a artistas generosos que mejoran la calidad de vida de la infancia y la adolescencia etíope. Así desprenden su aura las jornadas de Cáritas. Así se atisba un enorme congreso como va a ser Concahusa el 14 y 15 de este mes. Porque los valores deben ser el resorte de progreso de nuestra tierra. Todos a subirse al carro.
Fuente: Diario del Altoaragón

Agenda