mascarillas

El taller de Confección Arcadia ha elaborado más de 3.000 en tres meses

El taller de Confección de Arcadia se ha convertido en un eje de ayuda en la contención de la expansión de la pandemia en la provincia de Huesca. Desde el inicio del confinamiento empezaron a confeccionar mascarillas. Su producción comenzó para cubrir las necesidades del Centro de Rehabilitación Psicosocial Santo Cristo de los Milagros y las de los propios trabajadores del Centro Especial de Empleo Arcadia. "Empezamos haciendo las mascarillas normales de algodón 100 %", explica Ana Bardají, técnica de Corte del taller, quien relata cómo tuvieron que hacer varios intentos "hasta que conseguimos el proveedor de la tela que queríamos, que fuera antibacteriana pero de algodón 100 %, por las alergias".

Ahora cuentan con un catálogo que incluye la mascarilla blanca sencilla y otros 16 modelos con doble tela y espacio para incluir el filtro en diferentes estampados. Las hay para niñas y niños y personas adultas, y son reutilizables hasta 25 lavados.

En tres meses han conseguido abastecer a entidades como la SD Huesca y eventos como el próximo Festival Internacional de Cine de Huesca. Pero también a particulares. En total más de 3.000 mascarillas, "eso sin dejar de lado lo que tenemos" en referencia a la producción de pijamas, gorros y batas para el personal sanitario o para los colegios. Ha sido un esfuerzo", añade Bardají.

EN PRIMERA LÍNEA

La pandemia ha generado la paradoja de que los trabajadores de una empresa de empleo protegido se han convertido en protectores de la sociedad", explican desde Arcadia.

Eso "les ha hecho sentir bien por el hecho de estar haciendo algo que va a ayudar a la gente", explica Bardají, una de las tres monitoras Elena Ascaso es una de las trabajadoras del taller. "Llevo aquí desde principios de abril de 1995". Se encarga de la confección de mascarillas, aunque en la mañana del martes estaba terminando un bolsillo para una chaquetilla. "Aquí lo que hago es coser en las diferentes máquinas que tenemos. Unas son solo de sobrehilado y otras cosen a la vez", explica. Dice sentirse "encantada" de ir a trabajar, "me encanta mi trabajo, estar con mis compañeras y las monitoras" y asegura sentirse "muy bien" pudiendo ayudar.

Carmen Ezquerra, monitora del taller, explica cómo en estos años se han conseguido superar las dificultades propias del sector de la confección a mano gracias a su fiel clientela. "Aguantamos porque tenemos clientes muy fieles y gente bastante comprometida con este tipo de trabajo que nos han seguido haciendo pedidos", explica.

Todas las trabajadoras siguen delante de su máquina. El ambiente del taller es tranquilo. "El cliente nos puede exigir calidad, pero no con los plazos", añade Carmen Ezquerra, "porque aquí se rehabilitan, no se puede coser con presión. Son talleres rehabilitadores, con producción pero nuestra misión es rehabilitar". Forman un grupo de empleadas lleno de responsabilidad y compromiso con su trabajo porque son conscientes de lo que les aporta.

Fuente: www.diariodelaltoaragon.es 3 junio 2020

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