La gala de Asceal congregó a un numeroso público en el Palacio de Congresos de Huesca

GalaEn época de crisis y recortes es más necesaria que nunca la solidaridad. Y los oscenses han demostrado con creces que poseen espíritu solidario.

Lo hicieron hace dos semanas al apoyar masivamente la Gala de la Cruz Blanca, y lo han vuelto a demostrar esta semana al responder de forma notable a la llamada de Ascea

l (Asociación Ecuestre del Alto Aragón), cuyo objetivo era recaudar fondos para el programa, al parecer muy efectivo, de terapia con animales para enfermos de Alzhéimer y otras demencias.

 El cartel de esta gala benéfica era, como suele ser habitual y en consonancia con la gran diversidad del público, muy heterogéneo. La velada fue presentada con fluidez por Luis Laiglesia, que fue introduciendo a cada uno de los artistas participantes. Le tocó abrir la noche a Pepín Banzo, todo un veterano del folk aragonés (ha tocado con Ixo Rai!, con Comando Cucaracha, con Lurte y muchos otros grupos), que, desde su éxito en Aragón TV, ha diversificado su propuesta y se ha convertido en todo un showman que, al mismo tiempo, ejerce de hombre orquesta. En todo caso, un hombre orquesta contemporáneo y adaptado a los tiempos que corren, ya que empezó su actuación realizando loops a partir de rasgueos del guitarrico y de voces en bucle. Con un humor blanco y esa enorme empatía que posee con el público, se atrevió a realizar acrobacias con dos cucharas de boj, tocó con la gaita el tema principal de "La guerra de las galaxias" (¡toma ya!) y terminó haciendo magia surrealista y delirante a partir del número del "secreto de la badana". Se metió al público en el bolsillo, claro está.

Tras su actuación, salió al escenario una versión reducida de la Orquesta de Cámara de Huesca, que ofreció dos piezas del repertorio clásico, entre las que destacó una de Rossini llena de sensibilidad e instinto melódico. Poco después tenía lugar la primera aparición de Nacho del Río, multipremiado jotero que en este primer pase, acompañado al piano por José Félix Tallada (director del Teatro Lírico de Zaragoza), cambió la jota por dos romanzas de raíz aragonesa: "Soy de Aragón" y "El guitarrico", con las que demostró ser poseedor de una extraordinaria voz. Después, el escenario fue ocupado por una representación del Teatro Lírico de Zaragoza, formada por el director y pianista José Félix Tallada, los tenores Santiago Arcusa y Fernando Cosculluela y la soprano Elisa Rodríguez, que ofrecieron varias romanzas y un dúo de zarzuela con desigual fortuna. El programa incluyó "Flor roja" (de "Los Gavilanes"), "Canto a la espada" y "Raquel" (de "El huésped del Sevillano"), "Noche hermosa" (de "Katiuska") y, finalmente, "El dúo de la Africana" de Fernández Caballero, en el que consiguieron una buena compenetración.

Acompañado una vez más al piano por José Félix Tallada, volvió a salir Nacho del Río, en esta ocasión en su vertiente jotera, para interpretar "Al regreso del campo" (con un desarrollo absolutamente barroco y alambicado, de difícil ejecución) y una preciosa "Las cerezas", muy bien entonada. Y así se llegó a la parte final de la velada, con la actuación de Roberto Ciria, que, haciendo gala de su audacia habitual, venía de cantar una hora antes una jota muy heterodoxa en la inauguración de la exposición de Óscar Lamora y Nicolás Sánchez en el Centro Cultural del Matadero. Lejos de repetirse, Ciria ofreció un espectáculo muy distinto al que le habíamos visto hace dos semanas en la Gala de la Cruz Blanca. Acompañado una vez más por los excelentes músicos y bailadores de su compañía Osca y escoltado por las grandes voces de Lorena Laglera y Sofía Bueno, comenzó su actuación con "Cantó un pastor una jota", ilustrada con un bello e impactante paloteau de Lanuza. Las voces femeninas brillaron en "Los lobos" y "La jota a mi va enraizada", tras lo que llegó uno de los grandes momentos de la noche: la interpretación del "Va delante de su madre" (también conocida como "Oleay") con una coreografía minimalista cercana a la danza contemporánea. Después, la niña Inés Español encandiló al público con "Y crecer junto a Loreto", un emocionante canto a la cuna de San Lorenzo. Y tras una jota de Antillón bailada con gracia por la pareja infantil formada por Alba López y Diego Sanz, Roberto Ciria mostró en plenitud de facultades su bella voz de tenor en "Juicio oral". En la recta final, se pudo volver a disfrutar con ese bellísimo dúo entre Roberto y Sofía titulado "Las lágrimas", que posee la melancolía del mejor de los fados, y con "Canto a mi gente", en honor a San Lorenzo y con la base del dance del degollau. Por último, todos los participantes en la gala (a excepción de los componentes de la Orquesta de Cámara de Huesca) participaron en una "Jota de la Dolores" final. La composición de Tomás Bretón brilló a gran altura, como también lo hizo la vibrante coreografía de Jairo Périz, poniendo así punto final a esta gran velada solidaria.

Fuente: Diario del Altoaragón.17/12/2012

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